Scholarly article on topic 'El Psicólogo Educativo en EEUU y Australia'

El Psicólogo Educativo en EEUU y Australia Academic research paper on "Educational sciences"

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Academic research paper on topic "El Psicólogo Educativo en EEUU y Australia"

El Psicólogo Educativo en EEUU y Australia

The Educational Psychologist in the United States and Australia

Laura Méndez e Inmaculada Escudero

Universidad Nacional de Educación a Distancia, España

Resumen. En este artículo se analizan los orígenes y la situación actual del psicólogo educativo en dos países de gran relevancia dentro de la Psicología como son Estados Unidos y Australia. En el primer caso, se hace una revisión desde el origen de la psicología escolar que data de 1890, fecha en la que se funda la Asociación Americana de Psicología (APA), hasta nuestros días. El avance y desarrollo de la psicología educativa en este país ha confluido en la elaboración de algunas propuestas muy interesantes de formación y acreditación del psicólogo educativo, basadas en el establecimiento de sus competencias académicas y profesionales. Dada su gran relevancia, se revisan en este artículo los modelos de competencias propuestos por las dos principales asociaciones que representan a este colectivo, como son la Asociación Nacional Americana de Psicólogos Escolares (NASP) y la Asociación Americana de Psicología (APA). En el segundo caso, se revisa la situación del psicólogo educativo en Australia, desde sus orígenes, que datan de comienzos del siglo XX, hasta su situación actual, en la que asociaciones importantes como la Asociación Australiana de Psicología y la Australian Guidance and Counsellor Association juegan un papel muy relevante en la regulación de la preparación necesaria y funciones del psicólogo educativo. Finalmente, se destacan algunas tendencias de futuro que marcarán de manera significativa la evolución de la psicología educativa en este país y que, como veremos a lo largo de este monográfico, comparten semejanzas con la situación de otros países. Palabras clave: psicología educativa, formación y acreditación, competencias profesional, psicólogo educativo en EE.UU., psicólogo educativo en Australia, Asociación Nacional Americana de Psicólogos Escolares (NASP), Asociación Americana de Psicología (APA).

Abstract. In this article we analyze the origins and the current situation of educational psychologists in two countries of great relevance for Psychology: the United States and Australia. In the first case, a review is conducted from the origins of school psychology, dating back to 1890 - when the American Psychological Association (APA) was founded - to the present day. The advance and development of educational psychology in this country has provided the elaboration of some very interesting proposals about professional preparation and accreditation of the educational psychologist, based on the establishment of their academic and professional competences. Given the great relevance of these proposals, we review the competences models proposed by the two main associations that represent these professionals: The American Psychological Association (APA) and the National Association of School Psychologists (NASP). With regard to Australia, we analyze the situation of the

La correspondencia sobre este artículo debe enviarse a la primera autora al Dpto. de Psicología Evolutiva y de la Educación. Facultad de Psicología. UNED. C/ Juan del Rosal, 10, 28040 - Madrid. E-mail: lmendez@psi.uned.es

educational psychologist there, from the origins of this figure -dating back of the beginning of the twentieth century- up to their current situation. Important associations like the Australian Psychological Association and the Australian Guidance and Counsellor Association have played a very relevant role in the regulation of the professional preparation and functions of the educational psychologist. Finally, we outline some future trends that are likely to impact on the evolution of the educational psychologist in Australia. These issues share similarities with the situation of other countries reviewed in this special monographic edition.

Keywords: educational psychology, preparation and certification, professional competences, educational psychologist in the United States, educational psychologist in Australia, National Association of School Psychologists (NASP), American Psychological Association (APA).

El psicólogo educativo en EE.UU.

El origen de la Psicología Escolar data de 1890, con la fundación de la Asociación Americana de Psicología (APA) y la posterior creación de la primera clínica psicológica en la universidad de Pensilvania. Este centro se fundó para detectar las dificultades y las diferencias de conducta de los niños, lo que derivó en la creación de la primera escuela en Chicago para tratar estos problemas (Fagan y Wise, 2007). El desarrollo de la habilidad para aplicar pruebas en la detección de estos trastornos potenció el surgimiento de la psicología como profesión en general y de la educativa en particular. Aunque estos orígenes han estado condicionando la profesión en el campo educativo hasta nuestros días, sin embargo en la última mitad del siglo pasado comenzó a demandarse con fuerza la intervención de los psicólogos en aquellos casos que presentaban necesidades especializadas e individualizadas pero dentro del sistema normalizado y fuera de la educación especial.

En la actualidad se ha sumado otra demanda muy relevante que se deriva de los problemas de comportamiento que afectan al aprendizaje, añadiendo a las intervenciones centradas en la educación especial, las relacionadas con la clínica y la salud mental. La New Freedom Commission on Mental Health Report (2003) defendió la importancia de la detección y evaluación precoz de estos problemas con la implementación de programas para niños y adoles-

centes. Desde esta perspectiva, se torna especialmente importante la interrelación entre los psicólogos con formación educativa y los psicólogos clínicos con el fin de lograr intervenciones de calidad dentro de la escuela a través de técnicas de consulta (counseling) (Atkins, Graczyk, Frazier y Abdul-Adil, 2003; Nastasi, Moore y Vargas, 2004). Estos servicios incluyen aspectos como intervención en las crisis, consejo individual y de grupo y consejo en temas de violencia o suicidio. Unido a esta inte-rrelación entre disciplinas, en los últimos tiempos han aparecido nuevos campos y demandas al psicólogo educativo que han generado nuevas formas de ejercer la profesión y nuevos roles desde los que desarrollarla.

La especialidad de educativa reconocida por la APA (2005) tiene en su base los conocimientos científicos de la Psicología y su aplicación se caracteriza por estar dirigida a una población diversa, niños, jóvenes, familias, estudiantes de todas las edades, etc. Además de los escenarios educativos, principal campo de intervención en cualquiera de sus etapas, puede tener otros ámbitos como la formación, servicios de salud, hospitales, etc. Esta disparidad de ámbitos, población y problemas a los que se enfrenta el psicólogo educativo requiere una formación y un entrenamiento en un abanico amplio de competencias como veremos más adelante (Phelps, 2001). Si consultamos las competencias que sugiere la APA para acreditar en esta especialidad, observamos que fundamentalmente tiene que

ver con la clínica y la consulta relacionadas con las deficiencias o los trastornos del desarrollo. También incluye en la formación las competencias básicas de la Psicología en áreas de intervención y evaluación con diversidad de población y desde diferentes perspectivas teóricas.

Teniendo en cuenta lo abordado hasta aquí, nos podemos preguntar: ¿qué distingue a esta especialidad de otras? El rasgo que la diferencia es su foco de aplicación, al tratar de ayudar a resolver problemas y necesidades que surgen en el contexto escolar cuando las personas están implicadas en procesos de aprendizaje. Sin olvidar que al hablar de escuela nos referimos a un sistema que interacciona con otros sistemas sociales, comunitarios y socio-políticos. Si consideramos el conjunto de competencias que desde unas propuestas u otras se le hacen a esta especialidad en el entorno norteamericano, encontramos una serie de elementos que le son propios y que la diferencian de otras especialidades de la psicología profesional. Algunos de los más significativos son:

• El conocimiento de las leyes y normas que regulan las instituciones educativas.

• El conocimiento de las normas, medidas y servicios relacionados con la educación especial y las necesidades educativas especiales.

Figura 1. Niveles de formación y entrenamiento práctico

• El conocimiento de los procesos que tienen lugar en la escuela como sistema y que ayudan a entender lo que ocurre en las aulas.

• La aplicación de los principios de aprendizaje y de las técnicas para mejorarlo.

• Los procedimientos de asesoramiento a los profesores y familia sobre los procesos cognitivos, afectivos y de conducta que afectan al aprendizaje de los estudiantes.

• El conocimiento de otros servicios a los que derivar determinados problemas que surgen en la escuela, así como demostrar capacidad para trabajar de forma coordinada y colaborativa con ellos.

Partiendo de estos principios, en el apartado siguiente exponemos las diferentes opciones para la formación que se le ofrecen al psicólogo educativo y las distintas propuestas que se establecen para la acreditación de la formación en sus diferentes niveles.

Modelos de formación y procesos de acreditación

La formación y el entrenamiento profesional de los psicólogos educativos en EE.UU. se organiza en tres niveles: máster, especialista y doctorado. Los

NfVEL DE ESPECIALISTA (NASP)

formación de 3 anos en competencias de la especialidad.

NIVEL DE DOCTORADO (APA/NASP)

4 ó 5 años de formación abordando tas competencias con tni alto grado de especiliz ación.

1200 horas de entrenamiento práctico, 600 de ellas en la escuela.

entremaniento práctico de 1500 horas, délas cuales 600 se realizan en la escuela.

elaboración de un trabajo/tesis como culminación de la formación.

dos últimos niveles están regulados por estándares establecidos por asociaciones profesionales como la APA que sólo acredita los programas a nivel de doctorado (APA, 2005) o la Asociación Nacional de Psicólogos (NASP, 2000) que lo hace para los niveles de especialista y doctorado. La secuencia de formación varía dependiendo de si se trata de un nivel de especialista o de doctorado. En la figura 1 resumimos los rasgos característicos de cada una de estas secuencias.

Respecto a la acreditación, los psicólogos educativos están reconocidos por la APA como una especialidad de formación doctoral que convive con otras áreas clásicas como la clínica o la consulta (counseling). Como el resto de especialidades reconocidas, esta especialidad está organizada en dos niveles, doctoral y postdoctoral y un nivel de entrenamiento práctico. El reconocimiento de estos programas de formación doctoral data de 1969 y ha sido reafirmado en diferentes momentos: en 1997 por el comité de reconocimiento de las especialidades (Comitee for the Recognition of Specialties and Proficiencies in Professional Psychology CRSPPP) y en 2005 por el Consejo de Representantes de la APA.

En la mayoría de los Estados, para que un psicólogo pueda trabajar en las escuelas públicas, tiene que haber sido acreditado por el organismo de la administración educativa correspondiente. Este proceso se suele hacer mediante requerimientos específicos de formación y entrenamiento, así como la superación con éxito de un examen. Las licencias estatales están condicionadas a las normas reguladoras del proceso de acreditación (incluido el perfil, la titulación y experiencia de los supervisores) que tienen los departamentos de educación de cada estado. Aunque estas licencias estatales son genéricas, el entrenamiento práctico se realiza en los lugares especializados y acreditados por los organismos educativos estatales. En el caso de la Psicología Educativa normalmente son de carácter educativo, pero pueden coexistir con otros entornos clínicos, juzgados, organizaciones juveniles o relacionadas con el menor...).

Históricamente los requerimientos para ejercer la Psicología en las escuelas públicas exigían un nivel de máster y no de doctorado, con el fin de agilizar la incorporación de estos profesionales y de abaratar los costes. Esto hace que las exigencias para trabajar en el escenario público de esta especialidad de la Psicología lleve un camino distinto al de los sistemas de acreditación estatales para la Psicología en general. En consecuencia, existen y conviven dos formas de acreditación para esta especialidad: la promovida por los consejos estatales que sólo exigen nivel de máster y la acreditación de la APA como especialista en Psicología Escolar, que requiere una formación teórico-práctica a un nivel de doctorado. Algunos autores (e.g., Tharinger y Palomares, 2004) ven la necesidad de unificar criterios para evitar confusión en la población y en los usuarios del servicio.

En los EE.UU. la especialidad de la Psicología Educativa o escolar está representada por diferentes organismos, algunos de los cuales tienen entre sus objetivos la formación y acreditación de los profesionales que ejercen la Psicología en el contexto escolar. Su propósito es la elaboración de unos estándares de formación y entrenamiento práctico que garanticen la adquisición de las competencias profesionales para llevar a cabo un trabajo de calidad y un comportamiento ético y responsable de la profesión. Aunque estas organizaciones son numerosas, en la tabla 1 presentamos brevemente las más significativas.

A continuación vamos a exponer, por su relevancia y con mayor detalle, las propuestas de dos de estas organizaciones, la NASP y la APA que, como hemos venido explicando, son las dos organizaciones más representativas tanto en la acreditación como en la formación de los psicólogos educativos en los Estados Unidos.

La propuesta de la NASP

En 2006 la Asociación Nacional Americana de Psicólogos Escolares (NASP), ampliando una propuesta anterior (National Association of School

Tabla 1. Organizaciones más significativas dentro de la Psicología Educativa Escolar

organización

APA (American Psychological Association-división 16) Representa a los profesionales especialistas con una formación de doctorado. Tiene unos 2000 miembros dentro de los 15000 que tiene en el conjunto de divisiones

OBJETIVOS

Promover la formación de los psicólogos para que puedan desarrollar su trabajo de forma efectiva en las escuelas desde una conducta ética y responsable.

RECURSOS

Edita dos revistas: School Psychology Quartely/The School Psychologist Centro de recursos (OPAS-Office of Policy Advocacy in the Scools) donde se ofrecen servicios para la innovación sobre todo centrados en la intervención clínica o de la salud en las escuelas.

NASP (National Association of School Psychologists)

Es una organización creada exclusivamente para los psicólogos educativos. Tiene aproximadamente unos 2000 miembros. Aborda la formación a nivel de especialista y doctorado.

Establecer estándares y pautas para el ejercicio profesional y la acreditación. Así como en lo relativo al comportamiento profesional adecuado y reconocido.

ofrece manuales y documentos guía como la serie Blueprint, I,II y III. Además también edita la revista School Psychologist Review. Además cuenta con una web (www.nasponli-ne.org) donde se pueden encontrar múltiples recursos e información.

CDSPP (The Council of Directors of School Psychology Training Programs). El consejo de directores de programas de formación de los psicólogos educativos.

Los miembros se rigen por un programa y aunque no necesitan la acreditación de la APA sí que está en su propósito animar y ayudar a sus miembros a conseguirla.

TSD (Trainers of School Psychologists) es una organización que engloba programas de formación en esta especialidad. Comprende programas de los dos niveles, especialista y doctorado.

Su propósito es ofrecer oportunidades de trabajo colaborativo entre sus miembros, ofreciendo encuentros de formación.

Talleres de trabajo en la convención anual de NASP.

Edita la revista Trainer 's Forum..

SSSP (Society for the Study of School Su fin es promover y difundir aspectos relacio- Su recurso principal es la revista Journal of Psychology). nados con la profesión y la formación del psi- School Psychology (JSP).

cólogo educativo, así como contribuir al desarrollo de esta especialidad. En la actualidad se ha trasformado en una sociedad sin ánimo de lucro.

The American Board of School Psychology (ABSP). Es una organización que reconoce a los psicólogos con esta especialidad a través de una certificación.

Su fin es el de la acreditación a través de programas de formación y entrenamiento mediante de un examen oral, elaboración de trabajos y elementos prácticos. Se trata de una acreditación voluntaria enmarcada dentro del sistema general de acreditación que otorga la American Board of Professional Psychology (ABPP).

American Academy of School Psychology (AASP) es una organización cuyos miembros tiene que estar en posesión del certificado de la ABSP.

Su principal misión es promover la protección de la infancia y la juventud y tiene especial interés en trabajar con otros colectivos que persiguen el mismo fin en el contexto educativo.

International School Psychology Association (ISPA).

Esta organización trabaja para promover la implementación de esta especialidad en aquellos países en que está poco desarrollada. Está reconocida por Naciones Unidas como una organización no gubernamental relevante.

Publica World*Go*Round y Journal School Psychology International, una revista escolar. También desarrolla unas guías internacionales para la formación de los psicólogos escolares y para el desarrollo de códigos éticos

Psychologists, 2002), publicó un modelo de competencias para los psicólogos que ejercen su trabajo en la escuela. Su objetivo era buscar algunos estándares para el entrenamiento y la formación de los futuros psicólogos en el ámbito educativo. La propuesta parte de los 11 dominios de competencias que ya

estaban en el 2002 y las agrupa en áreas de competencias con tres niveles de aplicación. En este modelo se contemplan tres componentes como indica la figura 2: los dominios de competencias, los sistemas en los que se ponen en práctica y las metas que persiguen. Los tres están íntimamente relacionados y

Figura 2. Elementos en la formación del psicólogo escolar (adaptado de NASP, 2006)

Dominios de competencias

Conocimientos principios psicológicos y educativos

Aplicación de métodos científicos

Niveies de intervención

limitado

universal

Desarroilas capacidades de todos ios alumnos

Ayudar a construir sistemas facilitadores

explican la respuesta que ofrece la Psicología frente a las necesidades de la escuela y la sociedad.

Desde esta perspectiva los psicólogos deben ayudar a que los niños y jóvenes adquieran y desarrollen todas sus capacidades. Para ello también tendrán que ayudar a construir sistemas que contribuyan a que estos niños alcancen su madurez. Los psicólogos deben convertirse en asesores que asistan a los padres y profesores y les ayuden a entender cómo aprenden los niños y cómo se puede conseguir una instrucción eficaz que logre el mayor desarrollo de sus capacidades. Por otra parte, su trabajo también debe contribuir a que los sistemas escolar, social y comunitario sean capaces de implementar los recursos adecuados para cubrir las necesidades de todos y ayudar a desarrollar sus competencias y capacidades.

Para lograr estas metas se proponen 8 dominios competenciales que debe poseer el psicólogo educativo y que mostramos en la figura 3.

Para alcanzar estos dominios de competencias básicas y funcionales, los psicólogos tienen que adquirir previamente unos contenidos relacionados

tanto con la Psicología como con la Educación, además de conocer los métodos científicos que les permitan una aplicación rigurosa de los programas, técnicas e instrumentos para evaluar su eficacia. Estos dominios se ponen en práctica en tres niveles y servicios (figura 3), aquellos que tienen un carácter universal, dirigido a todos los niños y en respuesta a necesidades generales, los servicios transitorios, para aquellos que presentan en alguna ocasión necesidades o dificultades y, finalmente, los servicios intensivos para los que sufren trastornos permanentes y graves.

A continuación describimos brevemente los diferentes dominios de competencias.

Los dominios de competencias

Partiendo del conocimiento de principios psicológicos y educativos y de los métodos científicos que les permita aplicarlos de forma rigurosa y eficiente, los psicólogos podrán conseguir los cambios oportunos tanto individuales como del sistema para lograr

Figura 3. Dominios y Competencias para el psicólogo educativo (NASP, 2006)

la trasformación de los niños en adultos competentes y responsables. Aunque los conocimientos son importantes, no son suficientes. Estos profesionales necesitan adquirir una serie de habilidades, que junto con los conocimientos, les permita desarrollar su trabajo de forma eficaz. Desde este modelo, los novatos necesitan conocer cuáles son estas habilidades y dominios que tienen que actualizar en su trabajo cotidiano para, con ayuda de los más expertos, ir desarrollando dominios competenciales que contribuyan a su desarrollo profesional. Vamos a analizar brevemente estas competencias. Empezamos por aquéllas que son básicas y que poseen un carácter más generalista.

Competencias básicas

Habilidades interpersonales y colaborativas. El trabajo del psicólogo escolar se lleva a cabo en múl-

tiples niveles y a través de la interacción y relación con diferentes agentes, profesores, padres, equipos directivos, funcionarios de los servicios sociales y educativos, etc. Para llevar a cabo su trabajo de forma satisfactoria tiene que entender la importancia de trabajar con todas estas personas de forma cola-borativa y comprender el sentido sistémico de las diferentes respuestas que se ofrecen a un mismo problema desde cada uno de estos estamentos. Para muchos, una de las principales habilidades del psicólogo escolar es precisamente su capacidad para desarrollar el asesoramiento colaborativo. Desde esta perspectiva, una de sus misiones más importantes es trabajar para reducir las divisiones o contradicciones que se puedan dar entre estos agentes y propiciar el consenso y un ambiente adecuado para la negociación.

Sensibilidad y toma de conciencia hacia las diferencias y la diversidad. La necesidad de esta competencia resulta evidente ante la creciente diversidad

de la población escolar, no sólo en cuanto a las capacidades sino también de raza, cultura, religión, lengua, etc. Sin embargo, este modelo defiende que no basta con que el psicólogo tenga sensibilidad y reconozca la importancia de contemplar estas diferencias, sino que necesita también un análisis más riguroso que tenga en cuenta cuándo, dónde y cómo afecta y se manifiesta esta diversidad en los entornos de actividad en donde desarrollan su trabajo. Además, también tiene que analizar de qué forma afectan estas diferencias a la naturaleza de las relaciones que se establecen entre los niveles, las personas y las organizaciones. Estas competencias le darán la habilidad para adaptar y modificar las prácticas de los diferentes agentes.

Aplicaciones tecnológicas. Esta competencia está relacionada con dos aspectos. El primero tiene que ver con la habilidad para usar los recursos tecnológicos en las prácticas profesionales sirviendo de soporte para el desarrollo de los diferentes dominios profesionales, referidos tanto a la aplicación de técnicas o procedimientos, como a la evaluación de los mismos. El otro aspecto, en el que estos recursos se deben tener en cuenta, se relaciona con las ayudas que frecen las tecnologías a los alumnos con algún tipo de trastorno o dificultad en el aprendizaje. Nos referimos a las denominadas ayudas técnicas. En este marco, y unido a los dos aspectos anteriores, el psicólogo debe tener en cuenta los nuevos entornos de alfabetización digital a los que tienen acceso los jóvenes. Las redes sociales y todo el entorno web ofrece oportunidades de aprendizaje y recursos educativos muy valiosos para la escuela si sabemos cómo usarlos. En este caso, la ayuda del psicólogo puede ser también muy valiosa.

Responsabilidad legal y ética. Como todo profesional, los psicólogos deben estar preparados para llevar a cabo su trabajo desde los estándares legales y éticos, tanto para la protección de los derechos de sus clientes como de los suyos propios ante requerimientos de juicios legales o relacionados con el intrusismo profesional. Dentro de los estándares de comportamiento ético se encuentra el reconocimiento de la necesidad de una formación continua para

preservar la calidad de sus actuaciones y la actualización de sus competencias. En esta línea, poseer el dominio que estamos comentando le va ayudar a reconocer el grado de adquisición de competencias, así como aquéllas que aún no posee o necesita desarrollar para actuar con profesionalidad y responsabilidad.

Competencias funcionales

Vamos ahora a describir de forma breve aquellas competencias específicas que tienen relación con el comportamiento profesional del psicólogo escolar.

Toma de decisiones fundadas y responsables. La primera de ellas tiene que ver con la forma en que se recoge y analiza la información para resolver un problema. En este sentido, un profesional competente de la Psicología debe conocer los elementos relevantes de un problema, saber tomar las decisiones adecuadas para responder ante este problema, conocer las técnicas y métodos para evaluar las actuaciones y ayudar a otros a valorar la situación, actuar en consecuencia y evaluar los resultados. Por lo tanto, debe formarse en el manejo de técnicas de observación, análisis estadístico, evaluación de programas y otros recursos que le ayuden a evaluar las actuaciones en los diferentes sistemas. En esta línea también debe conocer las técnicas de evaluación psicológica, como las entrevistas, los test, el análisis funcional de la conducta, etc. Es decir, todo aquello que le ayude a realizar actividades validadas de intervención y prevención.

Desarrollo de servicios desde una perspectiva sistémica. Este dominio de competencia tiene que ver con una toma de postura y una apuesta clara por un modelo de intervención de carácter sistémico. Esto significa trascender de una visión de los problemas centrados en cada uno de los elementos, para pasar a tener en cuenta las interrelaciones entre ellos. Desde esta perspectiva, el foco de la intervención psicológica no estará en el nivel individual, los problemas de aprendizaje de un alumno, sino que tiene que ver con todos los sistemas en los que se

genera el problema y su solución, como la familia, la escuela, la comunidad, o la política educativa, etc. Todos estos contextos, donde el alumno se mueve y que afectan directa o indirectamente a sus comportamientos, deben considerarse como sistemas con múltiples elementos que están incidiendo en el aprendizaje y desarrollo de este alumno de muy diversas formas. Aceptar este planteamiento supone que la oferta de servicios no debe limitarse a la escuela sino que el psicólogo debe trabajar con otras instituciones y organismos, analizando de qué forma se afectan mutuamente y de qué forma afectan las prácticas de aprendizaje en la escuela. El psicólogo debe servir de enlace o puente entre los diferentes niveles y contribuir a que cada uno entienda y valore el papel del otro.

Fomentar el desarrollo de habilidades cognitivas y académicas. Este es quizá el dominio más conocido de los psicólogos escolares y es el área en que se espera que su actuación profesional tenga un mayor impacto, el desarrollo en los alumnos de las habilidades cognitivas y de aprendizaje y el desarrollo de competencias sociales que le ayuden a ser y estar en el mundo. Los psicólogos escolares tendrán que poner al servicio de la comunidad escolar sus conocimientos sobre las teorías cognitivas y del aprendizaje y las estrategias para una buena instrucción. Además, tendrán que conocer y aplicar aquellas metodologías que facilitan llevarlas a cabo tanto con carácter individual en una clase como colectivo entre los profesores de forma colaborati-va.

Facilitar las habilidades sociales, la salud mental y las competencias para la vida. Además de contribuir al desarrollo de las habilidades cognitivas y de aprendizaje, el psicólogo también se ocupará de que los jóvenes y niños desarrollen una vida adulta sana y positiva. Para ello colaborará en la detección de aquellos problemas que puedan derivar en trastornos de personalidad o social. Tendrá que ayudar a imple-mentar programas que favorezcan la salud y la resi-liencia. Fundamentalmente incidirá en aquellos programas que potencien la convivencia, las relaciones sociales y las competencias de adaptación.

La propuesta de la APA

Los estándares para el entrenamiento y la práctica desarrollados por la APA para los psicólogos educativos parten del modelo tridimensional del "cubo" (Rodolfa, Bent, Nelson, Eisman, Rehm, y Rtichie, 2005) e interrelacionan con dos tipos de competencias: las fundamentales, comunes a todas las especialidades, y las funcionales, más específicas para aquellos psicólogos que ejercen su trabajo en el ámbito educativo. Además, y desde este mismo modelo, la APA propone unos niveles de adquisición de estas competencias en dos momentos de la formación, el doctoral y el postdoctoral.

En un informe publicado en 2007 se establece una guía para la formación y el entrenamiento en los niveles de doctorado y postdoctorado relacionados con la psicología de la orientación (consulting psychology), modelo cada vez más presente dentro de la psicología educativa. En este informe se sugieren 10 áreas competenciales y tres dominios específicos donde se desarrollan las competencias específicas. En la siguiente figura (figura 4) se muestran las áreas de competencias y su relación con los diferentes dominios.

Como vemos en la figura anterior, en esta propuesta, además de las diez competencias y los diferentes dominios en los que se pondrán en práctica, se señalan tres principios que sustentan este modelo formativo. El primero asume los postulados del "científico-práctico'''' (Gelso, 2006) como aquel que es capaz de actuar evaluando sus intervenciones, utilizando para ello los métodos de investigación científica adoptados por la psicología. En este sentido, el futuro psicólogo tendrá que conocer en profundidad los modelos teóricos de la psicología y deberá que ser entrenado para utilizar las estrategias de intervención en cada uno de los dominios (Baker y Benjamín, 2000). Desde esta perspectiva, los psicólogos de forma colaborativa con sus clientes, valoran la intervención que se lleva a cabo, evaluando las necesidades y haciendo una valoración crítica del proceso de asesoramiento.

El segundo principio que nos proponen es la conPsicología Educativa Vol. 17, n.° 1, 2011 - Págs. 85-99

Figura 4. Áreas de competencias y dominios en la formación del psicólogo asesor (APA, 2007)

PRINCIPIOS: CIENTIFICO-PRACTICO DESARROLLO NO-EXCLUSIVIDAD

Auto evaluación

COMPETENCIAS GENERALES

Desarrollo relaciones sociales

Evaluación

Asesoramiento e investigación -acción

Dominios específicos de competencias

Intervención

Estándares profesionales

Nivel de intervención organizacional Teoría -diagnóstico -cambio organizacional-fases del asesoramiento

Nivel de intervención de grupo Análisis de rol-fomnación de grupo-solución de problemas de grupo-relaciones de identidad de grupo

Nivel de intervención individual Educ ación -entre namiento -consejo

sideración del continuo desarrollo de esta especialidad. Tanto el cuerpo de conocimientos como los métodos utilizados han ido transformándose y ampliándose en las últimas décadas. Esta evolución ha estado avalada por las publicaciones auspiciadas por la Sociedad de la Psicología de Consulta (Society of Consulting Psychology), en cuyas páginas se han ido mostrando, desde los años 70, diferentes aportaciones que han contribuido a la evolución de esta especialidad (Argyris, 1970; Block, 1999; Caplan y Caplan, 1993; Schein, 1999; Tobias, 1990). Estas aportaciones han impulsado un crecimiento continuado, lo que ha supuesto en determinados momentos la convivencia de principios o modelos diferentes y el uso de técnicas no suficientemente avaladas por la investigación. Ante esto, y cómo garantía de una calidad, se recoge la necesidad de que esta evolución esté siempre guiada por los principios éticos y el código de conducta (APA, 2002) que todo profesional de la Psicología debe respetar. Además y como una forma de crear un campo compartido de formación y práctica, se han establecido en el entorno de la APA publicaciones

oficiales para difundir los hallazgos y avances de esta especialidad. Nos referimos en concreto a dos: Consulting Psychology: Practice and Research y The Consulting Psychologist.

Por último, el tercer principio tiene que ver con la idea de la no exclusividad, al pensar que puede haber otros caminos para alcanzar las competencias propuestas. Campos como el de la Psicología del Deporte, la Psicología de la Salud o la Psicología Industrial, pueden promover una formación y entrenamiento muy valioso para la práctica del asesora-miento educativo.

En la siguiente tabla (tabla 2) se refleja este modelo, contrastándolo con el propuesto por NASP que hemos comentado en otro lugar de este artículo (Kaul, 2010).

El psicólogo educativo en Australia

Como segunda parte de este artículo, hemos considerado conveniente hacer un resumen, necesariamente breve, del papel del psicólogo educativo en

Tabla 2. Propuesta de la APA y NASP relacionada con las dimensiones y competencias del psicólogo educativo (Adaptada de Kaul, 2010)

dimensiones APA NASP

competencias fundamentales Práctica reflexiva Conocimiento de los métodos científicos Relaciones sociales Estándares éticos Diversidad cultural Sistemas interdisciplinares Habilidades interpersonales Sensibilidad frente a las necesidades de los servicios Aplicaciones tecnológicas Responsabilidad ética, legal y social

competencias funcionales Diagnóstico, estudio de casos Intervención Asesoramiento/consulta Evaluación e investigación Supervisión Sistema de base de datos para la toma de decisiones Intervenciones basadas en las necesidades del sistema Desarrollo de habilidades cognitivas y académicas Desarrollo de habilidades sociales, de salud mental y de competencias para la vida

estadios del desarrollo profesional Formación doctoral Entrenamiento doctoral Entrenamiento postdoctoral Residencia Formación continua Novato Competente ( entrenamiento) Experto (experiencia de postgrado)

otro país como es Australia, debido a su papel también relevante dentro de la Psicología.

Aunque la Psicología Educativa surge en Australia como una especialidad dentro del área educativa tras la Segunda Guerra Mundial, sus orígenes pueden situarse algunas décadas atrás. Varios hechos permitieron que se fuera constituyendo como una disciplina y profesión propiamente dichas.

Entre estos hechos cabe destacar la creación de la primera escuela pública de educación especial en 1913, en la ciudad de Melbourne, constituyendo un hito para la Psicología Educativa. De hecho, uno de sus principales representantes, el profesor Stanley Porteus, es considerado como el primer psicólogo educativo en Australia (Porteus, 1969). Poco después, en 1920, el sistema público escolar empezó a proporcionar servicios para estudiantes con dificultades de aprendizaje y discapacidad intelectual y se empezaron a crear los primeros centros públicos para alumnos con estas características. Es a partir de este momento cuando se empiezan a desarrollar un número importante de pruebas y test de inteligencia. Precisamente entre los años 1920 y 1945, precipitado por la creación del Australian Council for Educational Research (www.acer.edu.au), emergieron con rapidez servicios orientados a la evaluación psicométrica. Esto implicó que muchos profesores fueran animados a analizar y estudiar

con detalle las características de sus alumnos y a dividir sus clases en función de las puntuaciones obtenidas en los test de inteligencia (McCallum, 1990).

Esta situación alimentó durante décadas el desarrollo de una tradición psicológica basada fundamentalmente en la evaluación (Shute, 1995), y que hoy día sigue estando muy presente (para una revisión histórica más detallada véase Faulkner, 2007).

El clima optimista que siguió a la Segunda Guerra Mundial permitió que se empezara a hacer especial hincapié en las ventajas y virtudes de preparar a la juventud para un mundo mejor. Desde ese momento la Psicología Educativa se nutrió de importantes aportaciones provenientes de la Psicología Social. Se realizaron un importante número de investigaciones provenientes de esta disciplina pero aplicadas al entorno educativo. Este hecho fue alimentado por el supuesto de que los servicios prestados por la Psicología Educativa tenían que ser cubiertos no solamente por la escuela, sino por otros contextos como el familiar o el social.

A partir de este momento, los servicios ofertados por la Psicología Educativa han ido desarrollándose y evolucionando de manera diferente a través de los seis estados que forman este vasto país, reflejando las claras diferencias que existen en cuanto al clima,

historia, demografía y prioridades marcadas por las políticas educativas. Este carácter marcadamente regional ha conllevado que existan diferencias importantes respecto a la profesión del psicólogo educativo entre los distintos estados. No obstante, y a pesar de estas diferencias, la cultura psicoeducati-va permanece fuertemente asociada a los servicios orientados a la atención de necesidades educativas especiales.

Un ejemplo que refleja las diferencias que existen entre estados se refleja en el nombre que se emplea para designar la profesión. Mientras que en la parte oeste de Australia se utiliza el nombre de psicólogo escolar (school psychologist), estados como Nueva Gales del Sur emplean el término de consultor escolar (school counsellor), o el término de psicólogo educativo (educational psychologist), como es el caso de Canberra. En general, el término de orientador (guidance officer) es el más empleado para designar la profesión. Este nombre está asociado a un psicólogo con una amplia experiencia y formación docentes. Precisamente, la mayor parte de los psicólogos educativos proceden de la plantilla de profesores. Estos guidance officers poseen normalmente la doble acreditación profesional como psicólogos y como docentes, lo que implica, además, que para la mayor parte de los psicólogos educativos la incorporación a esta profesión se produce a mitad de su carrera profesional, después de llevar varios años ejerciendo como profesores.

Sin embargo, y aunque hoy día no existe un único término para denominar al psicólogo educativo, ni unas funciones claramente delimitadas como veremos a continuación, varios hechos acaecidos a partir de la década de los 70 han permitido que la psicología educativa vaya teniendo una orientación más homogénea en este país. Entre estos hechos cabe destacar el proceso de acreditación y registro por parte de las autoridades locales de los psicólogos educativos, así como la influencia cada vez más creciente de la Australian Psychological Society y la creación de la Australian Guidance and Counselling Association.

Formación y preparación

Desde finales del siglo XIX la Psicología en Australia, al igual que en otras partes del mundo, se enseñaba dentro de los departamentos de Filosofía. A comienzos del siglo XX, cuando los investigadores, los académicos y las reformas sociales pusieron el foco de atención en los centros educativos y otras instituciones sociales, la Psicología se centró en el estudio de cuestiones más empíricas y aplicadas. Durante la década de los años 30 y 40 los rápidos avances que experimentaron la formación y la enseñanza en Psicología dieron lugar a la creación de departamentos de psicología propiamente dichos en la mayor parte de las universidades y, por consiguiente, a un incremento importante en el número de titulados en las dos décadas posteriores. A mediados de los 70 se produjo una expansión importante de programas Máster en el área de la Psicología Educativa. Esto permitió ir construyendo una identidad profesional del psicólogo educativo cada vez más sólida, dando pie a una creciente oferta de opciones de especialización, centradas fundamentalmente en evaluación psicoeducativa, técnicas de consulta (counselling psychology) y asesoramiento escolar (school counseling) (para una revisión más detallada véase Faulkner, 2007 y Patton, 2005).

Hoy en día, la mayor parte de las universidades australianas proporcionan la formación necesaria que acredita para el ejercicio de la Psicología, tal y como establece la Australian Psychological Society. Por lo general esta formación consiste en dos primeros años de diplomatura, un tercer y cuarto año para completar el grado y, por último, formación de postgrado, tanto a nivel de Máster como de Doctorado.

No obstante, tal y como apuntábamos anteriormente, la psicología educativa en Australia sigue manteniendo una fuerte vinculación con la profesión docente. Todavía hoy, para la mayor parte de los psicólogos educativos, la psicología viene dada como una segunda carrera, después de la docente. Son muchos los psicólogos educativos que forman parte de la plantilla de profesores y se han formado posteriormente como psicólogos.

Funciones y responsabilidades del psicólogo educativo

Los psicólogos australianos proporcionan un conjunto directo e indirecto de servicios a la población escolar basados en las competencias profesionales, establecidas por la Australian Psychological Society, y en el código deontológico de la Australian Psychological Society y la Australian Guidance and Counsellor Association. Sin embargo, y debido al carácter regional que destacábamos anteriormente, los roles, funciones y responsabilidades de los psicólogos educativos varían a través de los distintos estados. Según un análisis comparativo realizado por Armstrong y colaboradores (Armstrong, Kelly, Phillips, Royle, White y Yates, 2000) sobre el papel del psicólogo educativo en Australia, sus principales responsabilidades recaen, por lo general, en las siguientes áreas: a) asesoramiento individual y gru-pal de estudiantes, b) evaluación psicoeducativa, c) asesoramiento en programas de manejo efectivo de la conducta, d) asesoramiento respecto al servicio psicológico prestado en la escuela y en la comunidad, e) conexión con otras agencias de bienestar gubernamentales o no gubernamentales, así como médicos especialistas, f) asesoramiento a padres realizado de manera individual o en pequeños grupos, g) respuesta en equipo para el manejo de incidentes críticos surgidos en el entorno escolar.

En este contexto los psicólogos educativos emplean una variedad de herramientas de evaluación diagnóstica, cuyo uso varía en función de los distintos estados. Por supuesto, el uso de este tipo de instrumentos está restringido a aquellos psicólogos que se encuentran acreditados. Entre los más utilizados se encuentran las escalas Wechsler de inteligencia, el test de inteligencia de Stanford-Binet, la escala adaptativa de vineland, el sistema de evaluación empírica de Achenbach y las Escalas Británicas de Habilidad. La Australian Council for Educational Research ofrece un amplio conjunto de baterías propias de evaluación diagnóstica cuya elaboración ha aumentado de manera significativa en los últimos años, mostrando un interés creciente por diversas

áreas como comprensión lectora, habilidad numérica o depresión infantil, entre otras.

Tendencias de futuro

De cara al futuro más próximo, según Faulkner (2007) existen una serie de factores o hechos que influirán de manera decisiva en el desarrollo de la Psicología Educativa australiana en la próxima década. Entre estos hechos cabe destacar, según este autor, el envejecimiento de la plantilla de profesores, que empieza a experimentar lentamente un proceso de revitalización. Por otra parte, cabe esperar también un incremento progresivo de titulados jóvenes que se incorporan profesionalmente a la Psicología Educativa como primera carrera, y no desde la profesión docente, como ha sido tradición hasta hace bien poco. Esto implica que la necesidad de profesionalizar a estos nuevos titulados sea cada vez más creciente, dotándoles de las herramientas y competencias necesarias para ejercer su profesión. Esta profesionalización pasa, entre otras cosas, por incentivar y promover su participación en las distintas asociaciones profesionales dentro de la Psicología Educativa.

Otros aspectos que, según Faulkner (2007) marcarán la Psicología Educativa en los próximos años será un interés creciente por la intervención en los primeros años de la infancia como forma de garantizar el futuro óptimo de los niños, mayor enlace intersectorial con otros profesionales de la salud y los diversos recursos humanos, mayor vinculación entre la Educación y la Psicología, y el desarrollo de nuevas competencias genéricas y específicas del psicólogo educativo, lo que conllevará la creación de nuevos programas de post-grado más especializados y profesionalizantes.

Amodo de síntesis, parece, por tanto, que parte de las demandas de futuro del psicólogo educativo en Australia, salvando las excepciones, comparten similitudes con las ya planteadas por otros países, tal y como hemos podido ver en este artículo y en los restantes que componen este monográfico.

creemos que el desarrollo de una identidad profesional sólida de la figura del psicólogo educativo pasa por ser sensibles a las situaciones y problemáticas planteadas por otros países. Solamente desde esta perspectiva podremos avanzar hacia la construcción de una identidad fuerte y homogénea.

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Manuscrito recibido: 29/09/2010 Revisión recibida: 21/10/2010 Manuscrito aceptado: 26/10/2010

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