Scholarly article on topic 'Quiste neuroentérico de localización atípica con correlación radiológica y patológica'

Quiste neuroentérico de localización atípica con correlación radiológica y patológica Academic research paper on "Health sciences"

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Revista Argentina de Radiología
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Academic research paper on topic "Quiste neuroentérico de localización atípica con correlación radiológica y patológica"

Figura 6 Ecografía del muslo en plano transversal. El control evolutivo a los 21 días evidencia un proceso cicatrizal calcificado ecogénico (flechas) circundado por la colección hemática.

Responsabilidades éticas

Protección de personas y animales. Los autores declaran que para esta investigación no se han realizado experimentos en seres humanos ni en animales.

Confidencialidad de los datos. Los autores declaran que en este artículo no aparecen datos de pacientes.

Derecho a la privacidad y consentimiento informado. Los autores declaran que en este artículo no aparecen datos de pacientes.

Conflicto de intereses

El autor declara como posible conflicto de interés ser miembro del Comité Consultor de la RAR.

Bibliografía

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2. Micheli A, Trapani S, Brizzi I, Campanacci D, Resti M, de Martino M. Myositis ossificans circumscripta: a paediatric case and review of the literature. Eur J Pediatr. 2009;168:523-9.

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E. Rombolá*

Investigaciones Médicas, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina

* Autor para correspondencia.

Correos electrónicos: erombola@hotmail.com,

ezrombola@gmail.com

http://dx.doi.org/10.10167j.rard.2014.11.004

Quiste neuroentérico de localización atípica con correlación radiológica y patológica

Atypically located neurenteric cyst with radiological and pathological correlation

Estimada Editora,

El quiste neuroentérico es una rara entidad, con una pre-valencia del 0,7-1,3% en los tumores espinales1. Tiene un origen embriológico y deriva de la falta de separación endo-dérmica y neuroectodérmica durante la tercera semana del desarrollo embrionario, generando la persistencia de restos endodérmicos en el canal espinal. Puede estar asociado a anomalías vertebrales y su localización es predominante-

mente ventral a la médula espinal, con afectación, en orden decreciente de frecuencia, de la columna torácica, cervical y lumbar2.

Presentamos un caso de quiste neuroentérico intraespi-nal de localización atípica, debido a su ubicación dorsal a la médula espinal. El paciente, un hombre de 47 años de edad sin antecedentes personales o familiares de relevancia, consultó por una cérvico-braquialgia derecha intensa de 2 semanas de evolución, que se había originado después de la realización de esfuerzos físicos no habituales. Al momento de la consulta no se constató déficit motor ni sensitivo.

Tanto la tomografía computada (TC) como las radiografías convencionales de la columna cérvico-dorsal no mostraron hallazgos patológicos, pero la resonancia magnética (RM) de columna cérvico-dorsal evidenció un canal cervical estrecho debido a protrusiones discales múltiples y extrusión discal con compromiso neuroforaminal C6-C7

Figura 1 Resonancia magnética de columna dorsal, plano sagital, en ponderación T1 y T2 muestra la lesión quística en relación dorsal al cordón medular (flechas).

derecho. Incidentalmente se observó una imagen de bordes netos y aspecto quístico, con alta intensidad de senal en ponderación T2 y baja intensidad de señal en ponderación T1, sin realce tras la administración de gadolinio. Esta se localizaba a la altura del espacio intersomático D1-D2, en relación dorsal a la médula espinal (figs. 1-3).

Se llevó a cabo un bloqueo radicular selectivo C7 derecho, con 1 ml de lidocaína al 2% y 80 mg de metil-prednisolona. Hubo una evidente mejoría de los síntomas a la semana del procedimiento, y a los 2 meses se realizó la exéresis quirúrgica de la lesión quística, a través de laminectomía y flavectomía, identificándose un tumor intradural-extramedular de aspecto gelatinoso y coloración blanco-amarillenta, con buen plano de clivaje. Se efectuó la extirpación de la totalidad de la lesión.

El examen histopatológico con tinción de hematoxilina-eosina mostró una lesión quística tapizada por epitelio cuboidal, con núcleos esféricos con leve pleomorfismo, citoplasma acidófilo y material amorfo PAS positivo. La inmu-nomarcación fue positiva para la citoqueratina 7 (CK-7) y el antígeno carcinoembrionario (CEA), y negativa para la citoqueratina 20 (CK-20) y las proteínas S100 y gliofibrilar ácida (GFAP). De acuerdo con la clasificación histológica de Wilkins y Odom3, se arribó al diagnóstico de quiste neuroentérico tipo A (fig. 4).

El paciente evolucionó sin complicaciones posquirúrgicas y la RM de columna cérvico-dorsal de control a los 3 meses no evidenció signos de recidiva o restos tumorales.

Los quistes neuroentéricos son lesiones generalmente benignas del sistema nervioso central, que tienen un origen endodérmico. La presentación espinal es 3 veces más frecuente que la intracraneal, siendo la localización más habitual, en orden decreciente, el nivel torácico, cervical, lumbar, la fosa posterior y el supratentorial2. La transformación maligna es excepcional y solo se ha reportado a nivel intracraneal4.

El 85% de los quistes neuroentéricos espinales son intradurales-extramedulares y en su mayoría se encuentran en relación anterior y medial a la médula espinal. La localización dorsal es muy poco común, con solo cuatro casos publicados hasta la fecha5"8. Desde esta perspectiva, nues-

Figura 2 RM, plano axial, en ponderación T2 y T1 evidencia la lesión quística (flechas).

Figura 3 RM, plano sagital y axial poscontraste, sin refuerzo de la lesión (flechas).

tro caso resulta interesante por su ubicación posterior a la médula espinal.

Los quistes neuroentéricos presentan densidad y señnal variables, dependiendo del contenido de proteínas y mucina, y están delimitados por una fina pared que puede realzar levemente luego de la administración del contraste endovenoso. No se ha reportado la presencia de nódulos murales.

Su asociación con anomalías óseas sugiere firmemente la posibilidad de un quiste neuroentérico9. Los síntomas más comunes son dolor radicular, paraparesia, parestesias y trastornos de la marcha. Los niños suelen evidenciar estigmas cutáneos y anomalías óseas vertebrales, mientras que los adultos manifiestan dolor y síntomas relacionados a la mie-lopatía. En algunos pacientes puede ser asintomático2.

En el diagnóstico diferencial de las lesiones quísti-cas intraespinales deben incluirse los quistes aracnoideo, dermoide/epidermoide y ependimario, así como también el meningocele torácico anterior1,2. En cuanto al quiste aracnoideo, su densidad y senñal son idénticas a la del líquido cefalorraquídeo, y su asociación con anomalías vertebrales es infrecuente. Por su parte, el quiste der-moide/epidermoide generalmente se ubica a nivel del cono medular y cola de caballo, pudiendo estar asociado a la presencia de tracto sinusal o médula anclada.

La exéresis quirúrgica total es el tratamiento más aceptado. Sin embargo, la mayoría posee fuerte adhesión a estructuras neurovasculares adyacentes, por lo que la resección completa puede ser dificultosa. En estos casos el seguimiento con imágenes es esencial por el alto riesgo de recurrencia2.

La tinción inmunohistoquímica de la pared quística confirma el origen endodérmico de la lesión, siendo positiva

Figura 4 En la histopatología (400 X) se observa una lesión quística tapizada por epitelio cuboidal con núcleos esféricos con leve pleomorfismo, (a) citoplasma acidófilo y (b) material amorfo PAS positivo. La inmunomarcación fue positiva para (c) citoqueratina 7 y (d) antígeno carcinoembrionario.

para las citoqueratinas y el antígeno CEA, y negativa para las proteínas S-100 y GFAP10.

El presente caso indica que el quiste neuroentérico debe ser considerado dentro de los diagnósticos diferenciales de las lesiones quísticas espinales intradurales-extramedulares de localización dorsal a la médula espinal. Si bien presentan baja tasa de malignidad, la resección quirúrgica debe ser completa para minimizar la posibilidad de recidiva.

Responsabilidades éticas

Protección de personas y animales. Los autores declaran que los procedimientos seguidos se conformaron a las normas éticas del comité de experimentación humana responsable y de acuerdo con la Asociación Médica Mundial y la Declaración de Helsinki.

y han dado su consentimiento informado por escrito para participar en dicho estudio.

Derecho a la privacidad y consentimiento informado. Los

autores han obtenido el consentimiento informado de los pacientes y/o sujetos referidos en el artículo. Este documento obra en poder del autor de correspondencia.

Conflicto de intereses

Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses, excepto el Dr. Chaves que declara como posible conflicto de interés ser revisor junior de la Revista Argentina de Radiología.

Bibliografía

Confidencialidad de los datos. Los autores declaran que han seguido los protocolos de su centro de trabajo sobre la publicación de datos de pacientes y que todos los pacientes incluidos en el estudio han recibido información suficiente

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C. Rollána*, H. Chavesa, N. Arakakib y P. Yañeza

a Departamento de Diagnóstico por Imágenes, Fundación para la Lucha contra las Enfermedades Neurológicas de la Infancia (FLENI), Buenos Aires, Argentina b Departamento de Anatomía Patológica, Fundación para la Lucha contra las Enfermedades Neurológicas de la Infancia (FLENI), Buenos Aires, Argentina

* Autor para correspondencia.

Correo electrónico: crollan@fleni.org.ar (C. Rollán).

http://dx.doi.org/10.10167j.rard.2015.03.004

Imágenes multimodales de t M k

tricobezoar gástrico: presentación de un caso

Multimodal imaging in gastric trichobezoar: case report

Estimada Editora:

La palabra bezoar proviene de un término árabe que deriva del vocablo (reemplazar) badzehr. Este significa antídoto, aunque en medicina bezoar hace referencia a la acumulación de material orgánico o inorgánico en el tracto gastrointestinal por su ingesta1.

En cuanto al tricobezoar, este es el más común de los bezoares (55%) y se origina por tricofagia. El 90% de los casos corresponde a mujeres y, de ellas, al menos el 40% padece algún tipo de trastorno psiquiátrico2. La entidad se localiza generalmente en el estómago, pero puede atravesar el píloro, comprometer el intestino delgado e, incluso, pasar la válvula ileocecal. Cuando el cuerpo del tricobezoar se ubica en el cuerpo gástrico y su cola se extiende por el duodeno, se lo denomina signo de Rapunzel3.

Presentamos los hallazgos radiológicos, ecográficos y tomográficos mediante neumotomografía computada (neumo-TC), así como el espécimen quirúrgico de una patología tan poco común como es el tricobezoar gástrico. Para ello, comunicamos el caso de una paciente mujer de 21 anos sin antecedentes patológicos, que consultó por vómitos, dolor abdominal posprandial y masa en epigastrio. En el examen físico se observó adelgazamiento y signos vitales estables.

Las radiografías abdominales manifestaron una masa radiopaca ocupando y moldeando la cámara gástrica (fig. 1) y la ecografía de abdomen evidenció una masa gástrica intraluminal con borde hiperecogénico y sombra acústica posterior, sugestiva de bezoar (fig. 2). Por su parte, la neumo-TC mostró una masa con densidad de partes blandas heterogénea y aire en su interior, que moldeaba la cámara

gástrica y era compatible con tricobezoar (figs. 3 y 4). Este último estudio permitió, además, realizar la medición y volumetría de la lesión a fin de obtener la mayor cantidad de información posible para el planeamiento terapéutico. El diagnóstico se confirmó mediante una endoscopia alta.

Si bien la fisiopatología del tricobezoar no se conoce completamente, ciertos mecanismos -como la dismotilidad gástrica, la disminución del pH gástrico y la gastropare-sia, entre otros- potencian la incapacidad del estómago para propulsar los cuerpos extrañnos. Tampoco se ha podido definir el tiempo que transcurre entre el comienzo de la tricofagia y su manifestación sintomática, ya que en algunos pacientes han pasado hasta 15 años, mientras que hay otros casos de tricofagia compulsiva que nunca desarrollaron tricobezoares4.

Las complicaciones del bezoar abarcan úlcera, perforación intestinal, obstrucción e intususcepción. El diagnóstico se sospecha por la presentación clínica: masa epigástrica, dolor abdominal, plenitud posprandial, náuseas, vómitos, pérdida de peso y hematemesis. Generalmente los pacientes niegan la tricofagia.

El estudio de la patología incluye una radiología simple (que muestra la distensión gástrica con imágenes moteadas en el interior del estómago) y una ecografía (que evidencia una masa intraluminal ecogénica con sombra acústica posterior). Además, se suma la seriada gastroduodenal, que manifiesta un defecto de relleno en el que el material bari-tado se introduce por los intersticios del bezoar, y una tomografía, que distingue detalladamente una masa heterogénea moldeando la cavidad gástrica. El diagnóstico se confirma mediante endoscopia.

Los avances recientes en tomografía con la gastroscopia virtual mediante neumo-TC, las reconstrucciones multi-planares, las representaciones por transparencias y las imágenes 3D permiten la evaluación detallada del bezoar y ofrecen información útil para un adecuado planeamiento terapéutico. El tratamiento consta de la disolución química, la remoción endoscópica o la cirugía para los tricobezoares de mayor tamañno.